La estimulación cerebral profunda para tratar el dolor crónico.

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El uso de estimulación cerebral profunda (ECP) es ampliamente conocida para controlar el temblor asociado a la enfermedad de Parkinson. Pero ¿se ha utilizado esta herramienta terapéutica en el control del dolor?

Los primeros intentos para controlar el dolor mediante ECP comenzaron hace 6 décadas, con la lógica siguiente: “si estimulamos sitios de placer en el cerebro podremos controlar el dolor”, después de distintos intentos algunas cirugías funcionaron mientras otras no lo hicieron.

Reynolds encabezó en los últimos años de la década de los 60’s una serie de investigaciones que culminaron con el descubrimiento de una estructura en el tallo cerebral que al ser estimulada producía analgesia: la sustancia gris periacueductal (SGP). La estimulación eléctrica de la SGP producía una analgesia tan potente que permitía realizar cirugías, sin dolor, en ratones despiertos. Posteriormente se descubriría que la SGP forma parte (con otras estructuras) de un complejo sistema que se encarga de disminuir o incrementar la sensación de dolor, conocido en conjunto como sistema modulador descendente del dolor.

Los primeros reportes de analgesia en humanos, al estimular la SGP, se publicaron en el año de 1977. No fue la única estructura que fue investigada por su potencial acción analgésico; entre otros sitios anatómicos encontramos: corteza anterior del cíngulo, núcleos talámicos (ventroposterolateral y ventroposteromedial), sustancia gris periventricular y médula espinal.
En la década de los 90’s iniciaron estudios sistematizados para estudiar el beneficio de la ECP en el tratamiento del dolor. Si bien no lograron resultados satisfactorios la agencia FDA (food drug administration) en EUA le dio a la ECP un carácter de off-label para el tratamiento del dolor (uso aceptado para otros propósitos).

En los últimos 15 años pocas publicaciones se han hecho sobre la efectividad de la ECP en el tratamiento del dolor y en general estas publicaciones cuentan con pocos pacientes o una selección deficiente de los mismos. Sin embargo existen equipos de cirugía que continúan realizando estas intervenciones de manera usual, por ejemplo: el grupo de Neurocirugía Funcional de la Universidad de Oxford en Reino Unido, que ha operado más de 100 pacientes en los últimos 12 años.

La Federación Europea de Sociedades Neurológicas hoy considera que la ECP debe ser limitada a centros de alta especialidad en esta técnica y que los casos deben ser estudiados y reportados.  Por otro lado, la ECP no es una opción terapéutica para todos los pacientes con dolor crónico; los candidatos deben ser estudiados con detenimiento y seleccionados en base a la probabilidad de éxito de la intervención quirúrgica.

Alfredo Manzano.
Sinapsis MX


Referencia:
Keifer OP Jr, Riley JP, Boulis NM. Deep brain stimulation for chronic pain: intracranial targets, clinical outcomes, and trial design considerations. Neurosurg Clin N Am. 2014; 25(4):671-92. 

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