Las consecuencias médicas y fisiológicas del maltrato infantil.

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Violencia y maltrato son dos denominadores comunes de miles de niños en el mundo. Según la Unicef México, en nuestro país mueren 2 niños cada día por la violencia.  Según estadísticas estadounidenses en el 2013 679,000 niños fueron víctimas de algún tipo de maltrato, 80% de ellos sufrieron negligencia emocional, 18% abuso físico y 9% abuso sexual.

El maltrato infantil no solo afecta psicológicamente a la víctima. La evidencia científica apunta a que las distintas formas de abuso en la infancia aumentan el riesgo de desarrollar múltiples enfermedades tanto psiquiátricas como sistémicas.

En la literatura científica el termino técnico para englobar a las distintas formas de maltrato infantil es: estrés en la infancia (ELS por las siglas en inglés de early life stress). El ELS incluye al abuso físico, emocional o sexual y a la negligencia emocional. La negligencia emocional es definida como la falla por parte de la persona responsable del niño de proveer la cantidad suficiente de comida, vestimenta, protección, salud, supervisión y bienestar.

La relación entre el número de eventos traumáticos a temprana edad y la incidencia de enfermedades psiquiátricas y médicas es directa. A mayor número de eventos traumáticos mayor posibilidad de distintas enfermedades como depresión, ansiedad, abuso de sustancias, intentos suicidas, obesidad, EPOC, enfermedades cardiovasculares, cáncer, dolor crónico (fibromialgia y migraña), enfermedades gastrointestinales y enfermedades autoinmunes.

No solo el número de eventos tiene un rol importante en el desarrollo de estas enfermedades, también el tipo de evento traumático. El abuso físico y sexual encabeza la lista de factores de riesgo. Es importante destacar que el bullying tiene un peso equiparable al de un ambiente familiar violento o abuso físico no sexual.

Se pueden observar distintos cambios fisiológicos como producto del abuso durante la infancia:

  • Cambios endocrinológicos inducidos por los ELS: Hiperactividad e hipoactividad del eje del estrés hipotálamo-hipófisis-adrenal, encontrando alteraciones en los niveles de CRH, ACTH y cortisol.
  • Estado pro-inflamatorio generalizado: En pacientes que sufrieron un trauma infantil se han observado distintos marcadores de inflamación elevados, entre ellos interleucina-6 y proteína C reactiva.
  • Modificaciones genéticas: El maltrato infantil está relacionado a un acortamiento de los telómeros, un marcador que habla del envejecimiento celular. A su vez evidencia reciente apunta a que los eventos estresantes durante la infancia pueden alterar la expresión genética durante el resto de la vida del individuo mediante mecanismos epigenéticos. Por ejemplo, en animales de experimentación el cuidado materno influye en la expresión de distintos genes. Distintas situaciones con el abuso infantil pueden modificar la expresión de genes durante el resto de la vida del individuo.

El abuso infantil puede alterar la expresión génica, pero también la genética del individuo puede potenciar el efecto deletéreo del abuso infantil. Por ejemplo polimorfismos del gen de un transportador de serotonina o de un gen llamado FKBP5 que participa en el eje HPA están relacionados a un peor pronóstico después del ELS.

  • Por último se han detectado distintos cambios morfológicos y funcionales en el cerebro de personas que sufrieron un trauma infantil.
    Algunos de los cambios encontrados en pacientes que sufrieron ELS son: disminución en el volumen de la corteza prefrontal, reducción en la conectividad entre la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior; también se encontró disminución en el volumen del hipocampo. Por otra parte se describió que la amígdala tiene un volumen mayor y una respuesta incrementada a estímulos estresantes.

Como mencionamos anteriormente es común que las personas que sufrieron un trauma durante la infancia tengan distintas enfermedades como depresión y ansiedad. Lamentablemente, los cambios anatómicos y fisiológicos provocados por el abuso infantil están relacionados a una disminución en la eficacia de los tratamientos, tanto de los fármacos como de los tratamientos psicológicos.

Si bien hay resultados discordantes en la literatura científica, también es importante notar que hay unanimidad en que los eventos tempranos traumáticos pueden provocar modificaciones neuroinmunoendocrinológicas en el afectado y propiciar un aumento de distintos tipos de enfermedades.

El esfuerzo actual se está enfocando en discernir los mecanismos exactos por los que los eventos traumáticos influyen a largo plazo en la fisiología del individuo. Esto es importante porque entenderlos nos permitirá realizar intervenciones tempranas para prevenir la aparición de las distintas enfermedades.

Sinapsis MX

Bibliografía:

  • Nemeroff CB. Paradise Lost: The Neurobiological and Clinical Consequences of Child Abuse and Neglect. Neuron. 2016 Mar 2;89(5):892-909. doi: 10.1016/j.neuron.2016.01.019.

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