¿Cómo las neurociencias nos pueden ayudar a detectar las mentiras?

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¿Te estará diciendo la verdad el político de la televisión? ¿Es real la versión del acusado durante un juicio? ¿Tu hijo realmente fue a hacer una tarea el viernes en la madrugada? ¿Cómo saber si te están mintiendo?

Desafortunadamente la habilidad promedio del ser humano para detectar mentiras es muy pobre, poco mayor del 50% de exactitud… casi como tirar una moneda al aire. ¿Qué hacer entonces para detectar a alguien que miente? No es un problema reciente, desde hace milenios el ser humano ha intentado corroborar quién dice la verdad y quién no.

El panorama general ha cambiado a través de los años. Todos hemos visto alguna vez el famoso detector de mentiras, un tipo particular de polígrafo. Esta máquina, creada por allá de la década de los 1940’s en Estados Unidos, se encarga de registrar distintas respuestas corporales como la frecuencia cardiaca, presión arterial, conductancia de la piel, entre otras. La lógica en la que se soporta es que la persona puede mentir verbalmente, pero su cuerpo lo delatará. A pesar de que existe un amplio uso de polígrafos por agencias estadounidenses y de otras partes del mundo, su uso y especialmente su eficacia para detectar mentiras son muy criticados por la mayoría de científicos a nivel mundial. ¿Aumenta la frecuencia cardiaca al mentir? También al ser interrogado rudamente sabiéndote inocente. Es aquí donde entran las neurociencias, pues al fin y al cabo el mentir es un proceso cerebral.

Desde el 2001 se han realizado muchos estudios usando diferentes pruebas para detectar cuáles áreas del cerebro se activan más al momento de mentir. Con el uso de resonancia magnética funcional se ha observado que de forma consistente la corteza del cíngulo anterior y regiones de la corteza prefrontal incrementan su actividad al decir mentiras. Sin embargo no parece tan sencilla la interpretación de los resultados. Dependiendo del tipo de mentira parecen activarse distintas áreas, algunas que en teoría poco tienen que ver con el acto de mentir, por ejemplo las cortezas motora, visual e incluso el cerebelo. Lo que sí que parece un hecho es que le toma más tiempo al cerebro procesar una mentira que una verdad, generando algo que es llamado efecto de interferencia y este también puede ser analizado con técnicas de imagen. Además los cambios cerebrales corresponden temporalmente a cambios en la actividad electrodérmica (por ejemplo, capacidad de la piel para conducir la electricidad- conductancia) al momento de mentir.

Pero qué tal que no estas mintiendo, solo cometiendo un error. Para estudiar las diferencias entre mentir y errar, investigadores utilizaron juegos de palabras que al ser estas últimas muy parecidas en sonido o en significado inducen a las personas a equivocarse al recordarlas y compararon estos resultados con el acto de mentir. De esta manera se dieron cuenta que mentir y equivocarse activan diferentes áreas del cerebro.

Una vez conociendo cómo se ve el cerebro que miente el siguiente paso es averiguar con exactitud si una persona está mintiendo o no. Usando análisis complejos de conectividad funcional entre áreas distantes del cerebro, investigadores lograron diferenciar entre mentira y verdad con una exactitud superior al 80%. ¿Entonces tienes que confesar que tú chocaste el carro cuando tenías 16 años? No, aún no. En el 2011 fue publicado un estudio en el cual entrenaron a personas para engañar el escáner cerebral, ¡disminuyendo la exactitud de 80% al 35%! De tal manera que por ahora ni siquiera se puede confiar en un escáner cerebral de última generación para detectar una mentira.

Por último, ¿es posible generar una “pócima de la verdad”? Distintos grupos de investigación están interesados en interferir con la habilidad para mentir con distintas herramientas, algo así como generar el famoso suero de la verdad, pero mediante ingeniería y neurociencias. Mediante estimulación magnética transcraneal se encontró que el hemisferio derecho, particularmente la corteza prefrontal, tiene un rol esencial en el acto de engañar. De hecho fue publicado que estimular distintas regiones mediante estimulación magnética transcraneal o estimulación por corriente directa transcraneal puede interferir con el acto de mentir. Pero antes de que corran por un estimulador para saber si les están mintiendo tienen que saber que no siempre funciona. De hecho parece especialmente ineficiente para interferir con las mentiras autobiográficas, es decir las que tratan de uno mismo.

¿La conclusión? Para serles honesto aún nos falta mucho para desarrollar una tecnología confiable para detectar las mentiras. Las que existen ahora pueden ser desde obsoletas (polígrafo de mentiras) hasta subdesarrolladas (imagenología cerebral). Pero quizá vamos por el buen camino y en un futuro no tan lejano tengamos nuevas neuroherramientas en nuestros tribunales y ministerios.

Alfredo Manzano

Referencia:

Mameli F, Scarpazza C, Tomasini E, Ferrucci R, Ruggiero F, Sartori G, Priori A. The guilty brain: the utility of neuroimaging and neurostimulation studies in forensic field. Rev Neurosci. 2017 Feb 1;28(2):161-172. doi: 10.1515/revneuro-2016-0048.

 

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